
- El viernes voy a conocer al Gabo.- Le comentó la chica al Gato durante las clases de matemáticas.
- Pero…. ¿No será peligroso?
- No.. Si yo sé que es bueno.
- ¡Pero no lo conoces! ¿Y si es un pedófilo? ¿O una mujer? ¡¿O un androide?!
- Ay José, por favor…
- Puede ser posible.
- No, es bueno, lo sé… El chico la observó con incredulidad y le lanzó una pequeña sonrisilla a Esteban, quien los miraba confuso.
- ¿Quién es Gabo?- Les preguntó al final.
- Un viejo que chatea con la Alondra.
- No es viejo. Además… es quien me llevará a la fama,
- A la fama.. Sí oh, a la cama será mejor.
Alondra indignada se volteó y se quedó observando con detención los números de su cuaderno, mientras que los chicos reían a sus espaldas. La chica sabía que el Gato podía tener razón, pero le daba miedo admitirlo. Si lo hacía, podría llegar a perder la amistad que había cultivado durante todo ese tiempo. Ese viernes el clima parecía más tenso que de costumbre. Alondra no tenía paciencia para soportar las bromas que el Gato le hacía con relación a su cita desconocida. Y ya para el final de las clases, ambos muchachos no se emitían palabra alguna.
- ¿Esteban? - Le dijo la chica tímidamente cuando quedaban cinco minutos para salir.- Yo sé que no hemos hablado mucho, pero.. ¿Me acompañarías?
- ¿Acompañarte? ¿Adónde?
- A ver al Gabo. No tienes que estar con nosotros. Sólo te sientas cerca nuestro. Por si acaso.
- Creí que no tenías miedo.
- Sí, no es eso, es que…
- No te preocupes, te entiendo. - Le dijo el chico con una sonrisa. Alondra lo observó alegre y lo abrazó fuertemente.
- Muchas gracias!
En la puerta del colegio un hombre se paseaba ansioso. Había esperado ese día desde el momento en que vio las fotos en Internet. Sabía que encontrar a alguien como ella era difícil y sin embargo, él lo había logrado. Cuando sonó el timbre la entrada se llenó de adolescentes que se alegraban de haber terminado una agotadora jornada. Gabriel observó con detención a las chicas que salían con sus faldas cortas. Quiso ser capaz de acercarse a ellas y abrazarlas. Rozar sus piernas con las de ellas. Y fue entonces cuando la vio. Parecía más pequeña de lo que mostraba en sus fotos. Su rostro estaba pálido, y tenía una mirada nerviosa.
Observó con detención a las personas, unas dos veces llegó a cruzar su mirada con la de Gabriel, pero no logró reconocerlo.
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