Esteban observó sus zapatos que brillaban lustrosos ante el sol. Estaba más nervioso que de costumbre, no sólo tendría que pasar por el proceso de “socialización” que todo niño nuevo estaba destinado a enfrentar, sino que también debía intentar encajar en un lugar totalmente distinto a todo lo que conocía.Se detuvo frente a la manilla por largos segundos. Titubeando entre entrar o salir corriendo. A su lado, un hombre de cotona azul barría el polvo del patio mientras lo observaba con detención.
- ¿Vas a entrar o no?- Le preguntó con una sonrisa en su cara.
- Sí.- Le contestó Esteban desafiante.
Tres golpes fue lo que necesitó para llamar la atención de todos dentro de la sala. La puerta se abrió en seco y se encontró cara a cara con su profesora. Era una mujer alta y delgada con su cabellera llena de rizos.
-Tú debes ser el alumno nuevo.
El chico asintió y entró. Se dio cuenta que los cuarenta alumnos tenían sus miradas clavadas en él y lo contemplaban con curiosidad, Esteban no podía dejar de pensar en lo mucho que le gustaría ser invisible.
- Bueno preséntate. Aquí todos están ansiosos por saber de ti.
Observó la sala. Estaba cuidadosamente limpia, sintió cómo sus manos se llenaban de un inusual sudor. Quiso salir corriendo o empezar a gritar todo lo que odiaba estar en ese lugar. -
Me llamo Esteban.- Dijo.- y vengo de Punta Arenas.
- Muy bien.. Puedes sentarte. Allí hay un puesto libre.-
Le dijo la profesora indicando un pupitre junto a un chico de ojos verdes.
- José Ignacio quiero que tú lo ayudes a ponerse al día. - Bueno.- Dijo el chico esbozando una sonrisa. Confundido, Esteban sintió su rostro ruborizado. Los ojos del muchacho a su lado titilaban radiantes, “¿Qué cresta?, Para de pensar en eso” Se dijo a sí mismo con rabia e intentando fijar su mirada en una de sus compañeras que lo observaba con curiosidad.- ¿Y como te llamai? - Esteban… Rodríguez.
- Bueno, mucho gusto.- Le dijo dándole la mano, produciendo en Esteban una corriente que recorría su cuerpo como agua fría. - Yo soy José Ignacio pero dime gato, yo no elegí el nombre, - Agregó al ver la cara de confusión de Esteban.- fue ella, pero… ya me acostumbre.- Dijo indicando a quien estaba sentada frente a ellos, era una chica pecosa de cabello rojo, la misma que Esteban había observado segundos atrás.
- Me llamo Alondra. – Dijo alegremente.
- ¿Alondra? Que lindo nombre
- Gracias… aunque yo lo odio.
- ¿Por qué?
- Trata llamarte como un pájaro..
- Yo lo encuentro original.
- Ay, que lindo tú.- Le respondió la chica con una gran sonrisa.
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